ensalada

La realidad es que tan pronto uno menciona la palabra dieta, emergen numerosas opiniones sobre lo que es bueno versus lo que es malo, lo que es es adelgazador versus lo que le haraá engordar, los alimentos que están vinculado con enfermedades inmunológicas versus los que le son benéficos, etcétera. Pero, ¿alguna vez se ha preguntado cómo los expertos de la salud llegan a conclusiones sobre lo que es saludable y lo que no es saludable en una dieta? Christie Aschwanden, escritora principal de temáticas científicas para FiveThirtyEight, explica que muchas de estas opiniones y vinculaciones se basan en encuestas sobre lo que come la gente.

Estas encuestas se llaman CFA: cuestionario de frecuencia alimenticia. Dichas encuestas se tratan sobre una consulta que le pide a los participantes información muy detallada sobre los alimentos que han ingerido y la frecuencia con la que los consumen. He aquí de donde surgen las indicaciones que muy a menudo nos convencen a que dejemos de comer los alimentos que más nos gustan porque supuestamente no harán engordar o nos provocaran algún tipo de enfermedad.

El problema sobre estas encuestas, según Aschwanden, comienza por el tipo de preguntas que se le plantean a los participantes. Son preguntas muy detalladas y muy difíciles de contestar. Por ejemplo, una pregunta puede ser: “’durante los últimos seis meses, ¿cuántos tomates has comido?” Este tipo de pregunta, evidentemente es muy difícil de contestar.

Se basa en que usted va a tener una memoria perfecta y se acordará de todo tipo de tomate que ha comido. Más aún, cuenta con que usted tome en consideración no sólo los tomates enteros que ha comido pero sino también cuántas salsas de tomate y derivados de tomate ha consumido. En otras palabras, la información cuantífica que busca la encuesta realmente termina siendo estimados ambiguos sobre lo que los participantes logran recordar.

Hasta cierto punto estas encuestas reconocen que es muy difícil recordarse al detalle sobre lo que uno comió hace seis meses y por ende han realizado sondeos más cortos para obtener el mismo tipo de información pero a corto plazo.  Como quiera, Aschwanden explica cómo contestar estas encuestas sigue siendo impráctico. Cuando ella intentó participar en uno de los sondeos a corto plazo, se fijó que le seguía siendo difícil apuntar todos y cada uno de los alimentos que ingería.

Más aún, se fijó comenzó a alterar sus patrones de comida por tal de no fallarle a la encuesta. En fin, Aschwanden lo resume muy bien cuando explica que la confianza que le debes tener a tu respuesta en un cuestionario de CFA es la misma confianza que le debes tener a estos estudios. Así que la próxima vez que escuche o lea una opinión sobre lo que le conviene o no le conviene, tómela con pinzas y consulte con un profesional de la salud.